Las culpas del Cuarto Poder

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“En andaluz, díselo en andaluz que está muy bien”, ya que, subrayó refiriéndose al periodista de TV3, una emisora catalana, “le cuesta entender el castellano”… Así se expresaba, más sincera que abiertamente, Sergio Ramos en una rueda de prensa previa al partido de España frente a Lituania en Salamanca, hace sólo un par de semanas y en referencia a una pregunta en catalán a Gerard Piqué.

“Mourinho y Guardiola son casi extranjeros, uno es portugués y el otro catalán, por lo que igual no saben lo que significan los premios Príncipes de Asturias”… Así en cambio, más frontal aun, Maximino Martínez, presidente de la Federación Asturiana de Fútbol, se dirigía a los dos “culpables” de una filtrada asistencia de jugadores del Real Madrid y el Barcelona para recibir dicho galardón, con el seleccionado español de fútbol como destinatario, en el teatro Campoamor de Oviedo.

A lo largo y ancho de España, abrimos cada día algunos pasquines deportivos, porque a esto se asemejan, y nos “comen el coco” con sus “fusilamientos dialécticos” entre los unos y los otros; que el blaugrana es mejor color o que el blanco es más inmaculado… Quién se responsabiliza de las consecuencias de aquellas declaraciones?, me pregunto yo… Y aquí no hay ni huevo ni gallina para cargar con la ambigüedad de las culpas, si no un trasfondo de crueldad política y social.

El ataque “imagológico” que continuamente hacen estos medios, los grandes culpables de abrir, más todavía, las brechas entre autonomías regionales y dejar las heridas expuestas, son los que en realidad deberían recapacitar y comprender que “comen de esto” a un precio injustificado y dañino, que el resultado de sus palabras y escritos no suman, si no todo lo contrario, y que deberían defender, por lo menos, al deporte.

Ejercer el cuarto poder, ya se sabe, es una cuestión de tintes muy delicados; Quien está detrás del “arma” debe enterarse a qué dispara… La base del periodismo nace de una pirámide deontológica que casi jamás respetan estos “francotiradores” a que hacemos referencia; el qué, quién, cuándo, dónde, por qué y cómo, parecen haber quedado muy olvidados en sus amarillentos apuntes universitarios.

El juramento hipocrático que hacen los médicos, se me ocurre, también debería ser obligatorio para ellos… Al menos para aquellos a quienes les han permitido diplomarse.

Robert Eizmendi – Corresponsal España

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