Johan Cruyff al ataque

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Johan Cruyff ha sido un gran jugador de fútbol, nadie podría ponerlo en duda; Algo perezoso para los entrenamientos, fumador empedernido, algo que no coincide con el modelo de deportista de élite contemporáneo, dueño de una arrogancia y soberbia “comprensibles”, aunque no aceptable, en una figura de primer nivel; Pero, sí, fue un gran jugador de fútbol que por méritos propios se ha ganado un lugar en el altar más encumbrado de este deporte junto a Di Stéfano, Pelé y Maradona; glorias vivas del fútbol!!

Su etapa de entrenador, también habla de éxitos por lo hecho en el Ajax holandés primero y en el FC Barcelona luego, donde fue el precursor del modelo actual que va desde la idealización de la infraestructura deportiva e institucional que hoy reivindica el actual campeón de España hasta, diría yo, la identificación y sentir de un amplio sector de Cataluña, un poco a partir de ese juego por él impuesto y otro también por reconducir la historia de la región.

Sin embargo su último ciclo, sin la transparencia del balón de por medio, nos conduce a otro escenario, el de la impureza que denotan sus movimientos socio-políticos, los apaños y excusas que debe manejar para sobrevivir en ese territorio hostil que todo lo confunde, lo enmaraña, sobretodo para alguien tan simple con la pelota como ha sido el Cruyff que resolvía una jugada comprometida con una “virguería” transformada en obra de arte.

Su antigua y conocida amistad con el ex presidente del Barça, Joan Laporta, quien era su abogado personal en el origen de esta relación, lo desautorizaba moralmente para usufructuar varias ventajas de las que se valió durante la estadía como máximo mandatario culé del hoy político catalán, y menos aun, aprovechando esa relación convenida para aceptar una presidencia honorífica de la institución, a sabiendas de los propósitos que se hilvanaron con motivo de tal nombramiento.

A pesar de la tentación de su ego, sabedor de las intenciones urdidas por Laporta, el holandés recapacitó astutamente y devolvió, sin esperar una votación popular, la insignia que lo convertía en un incordio institucional para la nueva directiva encabezada por Sandro Rosell; de no haber sido así, hubiese estado durmiendo bajo techo enemigo y su deteriorada reputación hubiese estado en serio peligro de extinción.

De este modo, con distancia de por medio, el ataque desde la palabra o el escrito tienen mayor sinceridad, puede ser frontal, artero, provocativo y un forofo “laportista con mala leche”, vamos!, que quiero decir… Como lo está haciendo ahora.

Robert Eizmendi – Corresponsal España

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