Las madrugadas de Mourinho

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Jueves 12 de noviembre del 2010, comenzaba el nuevo día, inicio de la madrugada y también de un programa deportivo en España que comienza a  medianoche y termina hacia las 2am, el periodista José Ramón de la Morena es quien lo conduce y uno se hace adicto a él para enterarse del resumen del día anterior y de lo inmediato que el nuevo día ofrece entre las sombras aún de la noche.

Regresaba a casa conduciendo y cuando salió al aire José Mourinho como invitado de “Joserra”; bajé considerablemente la velocidad del coche para tener tiempo de escuchar las declaraciones del portugués en “El Larguero”, sin tener que aparcar en el frío de la noche antes de llegar a mi destino.

Pueden ser altas horas de la noche, o tempranas, dependiendo de como se mire; porque para De la Morena su ritmo biológico lo ha acostumbrado a “madrugar” a estas horas y es entonces cuando está sobrio, despierto y con más luces que nadie para “desandar” el camino de un programa deportivo que necesita de la agilidad mental que debe lucir cada noche, ya madrugada.

Fue entonces cuando Mourinho comenzó a cruzar el límite que ya había insinuado cruzar en innumerables ocasiones… Mientras escuchaba sus declaraciones y la manera inteligente en que un astuto De la Morena llevaba el diálogo, buscaba en mi interior, ese que guarda cierta simpatía hacia el luso, la excusa apropiada para justificar las palabras de Mou, y créanme, que ni asumiendo el cansancio del final del día del técnico del Real Madrid, podría haber disculpado el desplante de sus afirmaciones en contra de un compañero de profesión.

Cierto es que estamos acostumbrados a ver un Mourinho provocador, prepotente, sagaz y que va “a por todas”, pero todo debe tener su límite; entendemos los desplantes a sus dirigidos porque sabemos que es una de las “técnicas” que usa para incentivarles a dar esa cuota extra de esfuerzo para bien de su equipo; comprendemos su “estrategia” aplicada en cada centímetro del Santiago Bernabéu, de Valdebebas y de los despachos de sus pasquines aliados, justificamos sus “actuaciones” desde el bienestar que propone para la casa blanca, y hasta aplaudimos sus “berrinches” comparándolos a la alegría que le provoca a un niño un juguete nuevo… Todo eso, que sabemos está en duda como comportamiento ideal de una persona normal, lo contemplamos.

Lo que no aprobamos, no podemos y no deberíamos aceptar, es la falta de respeto a nosotros mismos en dejar impune que los límites del comienzo y el final de la sinrazón campen a sus anchas por donde sea que Mou ande. El árbitro Paradas Romero lo entendió así la noche de la Copa del Rey en el Bernabéu frente al Murcia. Manolo Preciado, técnico del Sporting de Gijón, de igual manera le ha puesto sobre aviso, y a pesar de todo desde Les Corts, Pep aún no contesta.

Robert Eizmendi – Corresponsal España

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