New York, la nieve y Friedrich Nietzsche

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Estadio Vicente Calderón, partido clásico de final de año para recaudar fondos de ayuda a los niños de África; juega un equipo seleccionado de la Liga BBVA capitaneados por Sergio Ramos y dirigidos por Michel y el serbio Radomir Antic,  contra un combinado de jugadores africanos con Frèderic Kanouté como capitán y bajo la dirección técnica de un José Mourinho recién aterrizado en Barajas, procedente de New York donde estuvo pasando la Navidad junto a su familia.

El resultado de 3 a 2 tras el triunfo de los comandados por Mou, sirve sólo de anécdota por lo irrelevante del fútbol en sí, siendo que la causa que más importaba era el éxito económico del espectáculo para que tantos niños necesitados puedan tener una digna educación en sus tierras tan golpeadas por la miseria.

Pero, si bien recalco el hecho principal, no es a lo que voy a pesar de la importancia que este tipo de eventos tiene, sino a la implicancia que denota la participación de esas personas en estos actos y a la impresión que uno de ellos, especialmente, me causó.

Es cierto que en las últimas semanas ha habido un sin número de comentarios en los que se han manejado muchas hipótesis acerca del inconformismo del entrenador del Real Madrid tras su altercado con Jorge Valdano, y es cierto también que su representante, Jorge Mendes, viajó a Milán inmediatamente conocer Mourinho que Florentino Pérez se decantaba por la continuidad de su Director General en la lucha personal que el técnico luso propuso en ese cuerpo a cuerpo que terminó desacreditándole y que aún, para ser sincero, no tengo absolutamente claro si está superado por parte suya…

Pero, esta noche en Madrid, a orillas del Manzanares, José Mourinho ha demostrado que su abanico de cualidades no le restan méritos a su persona cuando, atrapado en la ciudad de los rascacielos por la nieve, primero, mandó a pedir la lista de jugadores de que dispondría para este encuentro amistoso, de beneficencia, sin tensiones y con la única valedera razón de colaborar por una causa filantrópica, humanitaria y de caridad.

Así luego, terminó entregándose a la gala y dio paso al otro José, a aquél Mou que en ciertas ocasiones deja transparentar su afable personalidad, risueño, afectuoso, gentil, bondadosamente atrevido, participativo y hasta payaso, comediante de alto vuelo y humano… Demasiado humano.

Me agradaría poder comparar una obra del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, titulada precisamente “Humano, demasiado humano”, con esta faceta que mostró Mourinho hoy; este libro trata del inicio del amor de Nietzsche por la vida, enfatizando que la instauración de su moral, su egoísmo, su individualismo, su dureza, la crueldad y el auge de los instintos y pasiones cambiarían para bien desde ese punto en adelante… Sí, comparando, creo que le sienta mejor al técnico portugués juguetear con un asistente del árbitro en sorna, proteger a un chaval que saltó al campo de juego para abrazarse a sus ídolos, bromear con quien pasara a su alrededor, mimar a su hijo sentado a su lado y ser el nuevo personaje que Nietzsche propone… Pero, mi duda aún persiste.

Robert Eizmendi – Corresponsal España

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