La alegría de Ronaldinho, la tristeza del ´Burrito´

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Para uno el ocaso de su carrera deportiva tendrá un sabor especial, seguir jugando en su tierra después de 10 años ininterrumpidos de hacerlo en el continente europeo. Aun el club no está definido aunque el que más suena es el Gremio de Porto Alegre, que mejor nombre para identificar a Ronaldinho, que lleva marcada a ´fuego´ esa reconocida sonrisa que le atraviesa el rostro de oreja a oreja.

En el otro extremo de la alegría está la tristeza de Ariel ´Burrito´ Ortega, prácticamente despedido por el nuevo técnico riverplatense Juan José López aunque obviamente con el consentimiento del presidente del club, Daniel Passarella, irónicamente el descubridor de Ortega allá por 1991 cuando el ´Kaiser´argentino dirigía al River de entonces.

Ronaldinho fue todo sonrisas, muchas en una sola, cuando el Milán le dio el visto bueno y acordó la liberación de su ficha. Tal vez el ´garoto´ sabe que va a quemar sus últimos cartuchos futboleros y qué mejor que quemarlos en el balompie que lo lanzó al mundo, el retiro así será mas accesible, y hasta con samba incluída.

Lo de Ariel Ortega es la crónica de una ´muerte anunciada´, evocando la novela del colombiano Gabriel García Márquez. Faltó a la primera práctica del club luego de las vacaciones, se reintegró al equipo un día después pero ya era tarde, Passarella y el entrenador López le habían bajado el pulgar. Borrón y cuenta nueva para Ortega, uno de esos dramas vivientes que ofrece el ámbito deportivo en todas las épocas.

El ´Burrito´, con 36 años encima, no logra superar su adicción al alcohol, el gran drama que lo afecta desde hace mucho tiempo. Tiene al alcance las herramientas para tratarse, algo que supuestamente hizo en el pasado pero sin éxito.

Hoy, siendo ya un veterano para el fútbol, sin la brillantez de tiempos pasados y con su adicción a cuesta, la consecuencia directa para el ´Burrito´, que no vio venir la estocada final acostumbrado al perdón permisivo de último momento, fue la salida por la puerta de atrás.

Una despedida lastimosa y hasta humillante para quien fuera ídolo de uno de los dos equipos más populares del fútbol argentino, pero Ortega es el único responsable del presente y futuro de Ortega. Tendrá que descubrir que la vida sigue después del fútbol y de River y que es hora de enfrentar sin pausa a los demonios que provocan las secuelas del alcoholismo.

Ronaldinho en tanto, pega la vuelta buscando la despedida ´gloriosa´ de entrecasa que tiene un sabor especial cuando ya se conoció la otra gloria, sublime e histórica.

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