Como sin Guardiola y sin Mourinho

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Un ‘Clásico’ que bien se podría haber jugado sin entrenadores en el banquillo; el primero que recuerdo en el que la ausencia en las zonas técnicas tanto de Josep Guardiola como de José Mourinho, en nada hubiese modificado lo ocurrido en el Camp Nou la noche del 25-E.

A pesar de que tras el encuentro el portugués buscó ser el punto de atracción que su personalidad y carácter siempre le ‘exigen’, ninguno de los dos entrenadores fue necesario en el devenir del partido, y no porque les quitemos méritos a ellos, sino porque sus jugadores estaban en una de esas noches en que simplemente, no se percibe nada que no venga de la propia alma, como si una campana de cristal hubiese delimitado el perímetro del terreno de juego haciendo imposible una conexión entre las partes; esa noche, desde los prolegómenos del partido, pareció que nadie estaba dispuesto a escuchar a nadie que no fuese a ellos mismos, como en un ‘partiducho’ de barrio contra barrio.

Y por una vez, solamente los jugadores se entendieron con el balón dentro de los límites de sus auténticos dominios, desde las líneas de cal hacia adentro, y donde sólo, desgraciadamente, la presencia del árbitro Fernando Teixeira Vitienes fue lo que sobró.

El Real Madrid jugó como le salió de sus entrañas, con las necesidades del caso, con el amor propio herido y con la sapiencia de leer el partido acorde éste iba desarrollándose, fue como una de esas ‘cascaritas’ en que cada uno va ocupando su sitio en la medida que su propia percepción se lo pide; primero que nada posesión de balón, Ozil a la banda derecha porque el momento lo exigía, Kaká por la otra de igual manera, Cristiano Ronaldo meta subir y bajar, Sergio Ramos imponiendo jerarquía desde el fondo, Pepe incordiando desde su presencia en el equipo, Xabi Alonso que por una vez no encontró su sitio y contagió a Higuaín para pasar casi desapercibidos, luego Benzema fue otra cosa con Granero y Callejón.

El FC Barcelona así pues, fue a remolque de la propuesta madrileña, se dejó las ideas en las lujosas habitaciones de su hotel de concentración frente al Mediterráneo y llegó ‘vacío’ al Camp Nou; debió entrar en el guión que propuso el Madrid y en ese intercambio de roles, tuvo la suerte de la pegada que habitualmente es propiedad ajena; Xavi Hernández deambuló en el medio junto a Iniesta y a Cesc, Busquets no entendía el argumento, menos aún Gerard Piqué cada vez más apoyado en el batallar de Puyol, con esto, Alexis secado de ideas futbolísticas sólo aportaba al ‘picado’ desde su portento físico, y Messi, como en muchos partidos esta temporada, descansaba en la magia adormecida que despertó precediendo al gol de Pedro.

Extraño ‘Clásico’; fue empate, pasó el Barça a semifinales de la Copa del Rey, pero el Real Madrid salió vencedor, rara paradoja del destino que siempre nos deparará este bendito deporte.

Robert Eizmendi – Corresponsal España

 

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