El sosiego alemán

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Ha sido una suma de hechos lo que, asumo por convencimiento propio, han llevado a Josep Guardiola a tomar la decisión de elegir la propuesta del Bayern Múnich como la idónea para darle continuidad a su carrera deportiva; sin embargo, el más trascendental de todos ellos ha sido su ego herido, maltratado por las circunstancias del entorno futbolístico y la falta de superación al dolor del rechazo.

La carrera deportiva, como entrenador, de Guardiola, sólo tiene memoria alrededor del FC Barcelona, eso es lo ‘certificadamente’ válido a día de hoy, lo único certero, probado, lo que no admite engaños y con el total absolutismo con que puedo contar para el análisis de esta teoría y práctica.

En el inicio de esta etapa ‘post-modernista’ del ex estratega blaugrana, a su favor nunca dejarán de contar los innumerables títulos conseguidos con el conjunto catalán, sin embargo, también contará como castigo su flaqueza moral, en la que se sostienen los grandes hombres, y que Guardiola no supo conjugar de la mano del éxito, abandonando al Barça, la temporada pasada, en señal de claro renunciamiento a la lucha contra el Real Madrid campeón de José Mourinho.

En esa atalaya que a veces los seres humanos construyen, o construimos, en la soberbia, es donde ha creído el hoy entrenador del Bayern Múnich haber alcanzado la Gloria, y tuvo que ser un cachetazo a su vanidad lo que le hizo reaccionar para tomar una decisión basada en su indudable inteligencia, escogiendo la elección bávara por sobre todas las otras repletas de compromisos más desafiantes.

El rechazo abierto de su candidatura para entrenar a la Selección de Brasil, número prioritario en sus sueños, de los que todos tenemos, fue el detonante de su destino muniqués.

De hecho, Guardiola firma el contrato con el club de la pandilla de los ’70, ni bien desde la Confederación Brasileña de Fútbol, CBF, se le baja el pulgar y se contrata a Luiz Felipe Scolari camino al Mundial del 2014.

El golpe había sido mortal, la ilusión del ex técnico culé, que él mismo certificó en un par de ocasiones en las pocas declaraciones suyas a los medios desde que se refugió en Nueva York, había sido despedazada desde el país sudamericano y el ego sufría a caballo de su propia soberbia.

La celeridad tuvo, a partir de allí, más tintes de resarcirse rápidamente del dolor producido por la censura brasileña que una elección competente, y el pasado que le sentencia lleno de insoportable presión deportiva y de los medios de comunicación en España, termina acercándole finalmente a Múnich.

Allí Josep Guardiola encontrará paz futbolística y mediática, sosiego espiritual y tranquilidad familiar, un lugar donde la competencia le tiene al conjunto del Allianz Arena como ‘el tuerto en el país de los ciegos’ por muchos cuerpos, y donde a pesar de ello, nadie le asegura un éxito reconocible a menos que gane la Champions League, el único título, seamos sinceros, que volverá a medirle a Pep a nivel profesional con el resto de la élite a la que aspira seguir perteneciendo y, más que cualquier otra cosa, a la personal que le condena.

Robert Eizmendi – Corresponsal España

 

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