Nada es nuevo

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Nada deja de asombrar a todo aquel que alguna vez en su vida haya jugado al fútbol, aunque haya sido sólo una simple ‘cascarita’, los toques, las faltas, las palabras entre acción y acción de desagrado, la intención de engañar al árbitro, la búsqueda de la ventaja, los insultos y todo aquello que traiga aparejada la posibilidad del triunfo a costa de lo entendidamente permisible en el juego.

Lo visto en el último Real Madrid-FC Barcelona, si bien en apariencia se jugó ‘caballerosamente’, indica en la realidad de quien pudo ver lo sucedido tras el balón, y sobre todo tras la finalización del encuentro, que no todo fue tan ejemplar como se lo quiso hacer ver sobre el césped del Santiago Bernabéu.

Los cruces verbales sacados a colación de algunas jugadas, y los actos que de ellas devienen, nos muestran que hubo mucho más ‘mala intención’ que lo placentero que nos lo hicieron querer creer.

Si a todo esto, le sumamos que hay medios de comunicación que fogocitan críticamente ciertas noticias para tener mayor tirada de sus productos, se termina de cerrar el círculo de la discordia; Nada es nuevo en relación a este tema, porque para esa gentuza, lo polémico vende, y la venta les mantiene en sus puestos de trabajo a quienes organizan tal ‘tinglado’.

Las discrepancias siempre existirán en el fútbol, las controversias estarán a la orden del día mientras exista competición, máxime cuando se trata de un clásico entre las dos divisas más representativas de España; no se puede intentar tapar el sol con un dedo, porque entraría uno en el campo de la falacia si pretende engañar con que se ha jugado un derbi sin ‘altercados’, de los que se ven, sin mencionar los que no se ven.

Nadie es un rosario de flores, ningún futbolista, ni técnico, ni, menos, dirigentes; No se puede proteger a nadie declarándole inocente, porque puede que uno ‘actúe’ menos que otro, pero, al fin y al cabo todos actúan, todos intervienen en el circo de las acciones.

No me imagino a Lionel Messi como un santo, ni a Andrés Iniesta, ni a Xavi Hernández, ni a nadie en el conjunto catalán; como tampoco en el equipo madrileño, ¿o tendremos que declarar como bienaventurados de la concordia a Xabi Alonso, Ávaro Arbeloa o a Cristiano Ronaldo?… Pues, simplemente, no, porque no es la realidad.

Las cosas que se dicen en la cancha se pueden repetir, dependiendo del grado de resentimiento, en un aparcamiento, camino a los vestuarios, o en el mismo terreno de juego, sin importar el grado del daño.

A nadie se le escapa, y no seamos hipócritas, que a quien le dijeron´muñeco’ de Mourinho, tiene el ‘mote’ colgado sobre su persona hace mucho tiempo, de la misma manera que quien profirió dichos ‘insultos’, tiene el suyo propio de ‘enano hormonado’… y así, la lista es completa.

No se trata de sacarse la frustración de adentro a base de ‘escapismos’ verbales, como pudo hacer Messi, ni tampoco de usar a un ‘bocazas’ como señal de debilidad, como lo fue José Callejón, sino de comprender que hay códigos que deben respetarse tanto en el fútbol como en la vida.

Robert Eizmendi – Corresponsal España

 

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