Por la gracia de Baco

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Uno se pregunta qué es lo que tiene el éxito, ese esperpento contagioso de alegría pasajera que no llega para quedarse con nosotros toda la vida, sino apenas lo necesario para hacernos sentir diferentes y hacernos pagar el legado de la falta de humildad a quienes no tengan los pies bien asentados sobre la tierra.

Ejemplos hay a raudales, más aún la de aquellos que tras conseguirlo besan indefectiblemente la melancolía del fracaso, esos desafortunados que crecen en la panacea de los triunfos y en la ceguera del no saber apreciar la realidad tal cual debiéramos.

Por la gracia de un dios, muchos conseguimos llegar a un objetivo imposible, pero, nos perdemos en los halagos de quienes a cambio de beber de las mismas fuentes de victorias, fortalecen una posición imaginaria sin darse cuenta que no hacen más que debilitarla.

La lista de aquellos que mezclaron gloria y alcohol es muy larga, y tan extensa como la desgracia en que ha caído esa gran mayoría; desde George Best a Paul Gascoigne en Inglaterra, desde Oreste Omar Corbatta a René Houseman en Argentina, desde Mané Garrincha a Adriano Leite Ribeiro en Brasil, desde Norberto Peluffo a Faustino Asprilla en Colombia… sólo por nombrar a unos cuantos de los más conocidos y comprobados en el fútbol mundial.

Sin embargo, pensando que pertenecieron en algún momento a ciertas instituciones, aunque esto no les exime de su culpabilidad personal, sí nos permite considerar la ausencia de inocencia en sus ‘empleadores’, conocedores éstos de los actos de indisciplina en que incurrían sus ‘empleados’ sin llegara a tomar medidas de precaución por miedo a perder el ‘negocio’ mayor.

Para aquellos a quienes nos referimos, no se justifica anteponer los orígenes del problema para salvarse de la responsabilidad que le cabe a las sociedades que gobiernan, porque tratar de solucionarlo a partir de su diagnóstico inmediato significaría dejar de potenciar el objetivo por el que están en dichos cargos, es decir, hacer la mayor cantidad de dinero posible con el concurso de sus figuras, en estado de ebriedad o no.

Robert Eizmendi

 

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