Un buen ejemplo difícil de imitar

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El fútbol ha servido, en un semivacío estadio en Cantabria, España, para que socialmente se pueda hacer una analogía de lo que podría suceder en el mundo si la gente se pone de acuerdo para derogar el capricho de los poderosos; El Racing de Santander, al no jugar el encuentro de vuelta por los cuartos de final de la Copa del Rey, ha demostrado que no sólo las amenazas verbales cuentan a la hora de hacer valer el carácter de personas que, de proponerse algo, lo consiguen con hechos reales.

A pesar de la timidez en las condenas posteriores, el conjunto cántabro que debía disputar su juego de regreso frente a la Real Sociedad en la competición copera de España, ha dejado bien sentado que el orgullo de un grupo de decididos futbolistas, ha levantado la mano en señal de enseñar que quien se propone humildemente demostrar su honra, lo puede lograr en base a decisión y valentía enmarcadas en la justa razón de sus quejas.

Los jugadores del Racing santanderino vienen soportando amargamente las vanas promesas de unos dirigentes mentirosos, que amparados en la cobertura que entre ellos mismos se hacen, con el santo y seña de unos cuantos implicados en eludir la gran verdad de generar ganancias para los que manejan el ‘cotorro’, continuaban a la espera del pago de unos salarios que jamás llegaban a sus bolsillos.

La advertencia fue, esta vez, más sincera que nunca, y los tramposos de costumbre ni así doblegaron sus intereses financieros a la súplica de los hombres que decidieron, ante los donostiarras de la Real Sociedad, y en un partido que se jugaban mucho más que un acceso a semifinales de la Copa del Rey, saltar con el honor por bandera ante su estoica afición, acudiendo al círculo central, abrazados entre ellos, ante el aplauso de su gente, y frente a unos colegas de profesión que les respetaron, que se pasaron el balón entre sí hasta que el referí neutralizó el partido con un silbatazo que estalló más fuerte sobre la conciencia de los verdaderos culpables, que de los millones de espectadores que atónitos, esperábamos el desenlace final de esta triste historia que enluta, en gran medida, a este deporte.

Las sanciones para la entidad del Sardinero llegan, inexorablemente, desde la Real Federación Española de Fútbol, sobre todo para no sentar un mal precedente que podría señalar un camino en la actual golpeada vida ciudadana española, ese camino que conviene a los de arriba, a los que siempre deciden el qué, cómo, cuándo y adónde se deben hacer las cosas.

Robert Eizmendi – Corresponsal España

 

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