Una sola golondrina no hace verano

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La aprobación de la ley HB56 puso a Alabama en la lista de estados que combaten con severidad la inmigración indocumentada. Y no son muchos los extranjeros sin papeles que viven en ese estado del sur: entre 50 mil y 70 mil, según datos del Pew Hispanic Center. En Estados Unidos hay 11 millones.

Entre otras medidas, la HB56 –como en Arizona y Georgia- criminaliza la estadía sin papeles, un acto que en el resto del país sigue siendo una falta de carácter civil no penal. La decisión, sin lugar a dudas, traerá consecuencias nefastas.

Katherine Vargas, secretaria de prensa del Foro Nacional de Inmigración (NIF), indicó que “si un ciudadano transporta en su automóvil a sus padres indocumentados o a cualquier otro miembro de la familia que no tenga papeles, podría ser acusado de un delito”.

De acuerdo con la HB56, los estudiantes indocumentados no podrán asistir a la universidad, los propietarios no podrán alquilar casas a extranjeros sin papeles y los Concejos no podrán crear ‘ciudades santuario’.

“Hay mucho miedo entre la población inmigrante”, comentó Rosalba Bermúdez, coordinadora del programa de Inglés del distrito escolar de Birmingham, Alabama. “Hay madres que han ido a sacar los papeles de sus hijos a las escuelas porque se marcharan del estado. Algunos han decidido irse a sus países porque temen ser arrestados, encarcelados y deportados”.

También dijo que los profesores “no ven diferencias” entre sus alumnos. “Para ellos (los maestros) todos los niños son iguales”, y que con el curso del tiempo “se han formado lazos muy estrechos que la HB56 los destruirá” en un santiamén.

“Y cuando los profesores escuchan a los padres, se sienten acongojados, los acompañan en sus sentimientos, no entienden cómo puede suceder algo así, pero por otro lado no hacen nada”, apuntó.

Le pregunté por qué no hacían nada y dijo que no tenía una respuesta. “Le estoy enviando una carta al gobernador y le estoy diciendo que no promulgue la ley HB56. Que mejor invierta esfuerzos en reconstruir Alabama tras el paso de los devastadores tornados de mayo y que no destruya a la comunidad inmigrante. No sé si consiga algo, pero debo hacerlo”.

Es probable que la carta de Bermúdez se pierda entre la correspondencia que a diario recibe el gobernador Robert Bentley. Tal vez ni siquiera llegue a sus manos. Pero pienso que si los poco más de 50 mil indocumentados y sus familias, amigos, conocidos, patronos y vecinos hacen lo mismo, Bentley sí prestará atención. Y si también escriben los profesores de los hijos de esos poco más de 50 mil inmigrantes que viven en las sombras –como ha dicho el presidente Barack Obama-, cabe la posibilidad de que la ley HB56 muera en el intento.

Lo único cierto, por ahora, es un viejo refrán que aprendí de niño: ‘una sola golondrina no hace verano’.

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