La guerra de la que nadie habla

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Según datos del Pew Hispanic Center y del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), la población indocumentada de Estados Unidos alcanza los 11 millones, la mayoría de origen latinoamericano. La cifra es inmensa. Para tener una idea clara del problema, supera la población de Haití (9.7 millones), Hungría (9.9 millones), Bielorrusia (9.5 millones), República Dominicana (9.9 millones), Suecia (9 millones), Somalia (9.9 millones), Azerbaiyán (9.3 millones), Austria (8.2 millones), Honduras (8.1 millones), Suiza (7.6 millones), Israel (7.4 millones), Bulgaria, Serbia, Laos, El Salvador, Dinamarca, Finlandia, Singapur, Noruega, Costa Rica, Irlanda, Croacia, Panamá, Uruguay…

Los demócratas insisten en que el Congreso apruebe una reforma migratoria que incluya una vía de legalización para indocumentados sin antecedentes criminales. Pero entre 2009 y 2010, cuando ocuparon 57 asientos en el Senado (sobre 100) y tenían el respaldo de los dos votos independientes, no fueron capaces de conseguir el apoyo republicano necesitaban. Y en la Cámara de Representantes, a pesar que eran mayoría, tampoco fueron capaces de sancionar el proyecto.

Dos años y seis meses después de llegar a la Casa Blanca, el Presidente Barack Obama y los demócratas tienen menos probabilidades de conseguir una victoria. Y los republicanos presionan para conseguir criminalizar la estadía sin papeles y poner fin al asunto con la expulsión de los sin papeles. Algo así como deportar a una nación completa como Israel, Austria, Honduras, Bulgaria, Noruega, Croacia…

Natalia Jaramillo, de la organización Nueva Mayoría de Florida (Florida New Majority –FNM-)  e Isabel Vinent, de la Coalición de Inmigrantes de Florida (Florida Immigrant Coalition -FIC-), están preocuparas por este escenario. Y no se quedaron de brazos cruzados. Se unieron a la National Alliance of Latin American and Caribbean Communities (Alianza Nacional de Comunidades Latinoamericanas y Caribeñas –NALACC) y trabajan en la difusión de la campara “SOMOS” (WE ARE), para mostrar los logros de la comunidad hispana de Estados Unidos a los estadounidenses.

“SOMOS”, dijeron, “responde a nuestra convicción de que debe cambiar la narrativa predominante acerca de los inmigrantes en Estados Unidos, particularmente aquellos que no tienen papeles”. Y agregaron que es “extremadamente difícil” cambiar la orientación del debate sobre política de inmigración, a menos que la comunidad y los medios de comunicación se unan para resaltar nuestros aportes”.

Los medios en español “juegan un rol crucial en nuestras vidas”, subrayaron. Y son clave en esta batalla para convencer al Congreso a que apruebe la reforma migratoria comprensiva.

Jaramillo y Vinent me mostraron un video de televisión donde aparecen hispanos hablando de logros, aportes, éxitos, sueños, conquistas, metas, planes, futuro… “Vivimos momentos difíciles, pero estamos seguros que vamos a ganar”, dijeron.

Les creí. Cuando se marcharon de la oficina, me quedé pensando en la cantidad de seres humanos escondidos en las sombras de la sociedad estadounidense, con miedo, pánico a que los arresten, los encierren, les violen el debido proceso y los deporten. Que los separen de sus familias, les arrebaten sus hijos, les arranquen sueños y esperanzas, los demonicen, los humillen…

Los indocumentados de Estados Unidos son los actores de una guerra de la que nadie habla, donde los muertos no se cuentan y los heridos se esconden en la postergación indefinida de un debate que, pareciera, responde a una estrategia cuyo único propósito, lamentablemente, es conseguir votos.

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