El Fin del Imperio: Dos Visiones

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Cumplido el decenio de la caída de las Torres Gemelas, el editorial del Financial Times señaló: Las palabras más importantes de la pasada década no son “guerra contra el terrorismo” sino “hecho en China”. La crisis en Europa, altas probabilidades de una segunda recesión, nuevas cifras de pobreza y desempleo en EEUU, han abierto un gran debate internacional sobre el futuro de Occidente. Hace apenas diez años, pronosticar que China sobrepasaría el poder económico de EEUU era, cuando mucho, una comedia. Hoy es una realidad que se aproxima.

Sobre el “Fin del Imperio”, existen dos vertientes de opinión. Una ve el ascenso de China como una repetición de viejas profecías, notablemente las de la Unión Soviética y Japón. En el siglo pasado, ambas presentaron formidables retos ideológicos y económicos a la hegemonía de EEUU. Pero luego de la caída del Muro de Berlín en 1989 y una década de prolongada estagnación en Japón durante los noventa, vimos como EE.UU. remontó ambos retos. Hoy, se cree, ocurriría lo mismo con China. Esta visión es respaldada por importantes intelectuales como Joseph Nye, autor de The Future of Power (El Futuro del Poder) y profesor en la Universidad de Harvard.

La otra vertiente, que cada día cobra más fuerza, es la que defiende el también profesor de Harvard, Niall Fergusson. Para Fergusson, el patrón histórico es claro: Occidente está cerrando un ciclo hegemónico que perduró 500 años. EEUU, particularmente, disfrutó de un rol privilegiado en los últimos 30 años, sin precedentes en la historia. La propensión, sin embargo, es -irreversiblemente- a la baja.
El siglo XXI ha tomado a las mentes conservadoras por sorpresa. Quienes apuestan a la infalibilidad del modelo americano no aprecian los tectónicos cambios de la pasada y siguiente década. En el 2000, la supremacía estadounidense era irrebatible. EEUU estaba en paz con el mundo, presentaba un superávit de $128 mil millones; el petróleo Brent rondaba los 28 dólares. Hoy, el país continua en guerra, padece el mayor déficit de su historia ($1.3 millones de millones), la tasa de desempleo permanece tercamente entre 9-10% y los pronósticos de deuda insostenible impondrán severos recortes en educación, infraestructura y programas sociales como Medicare y Medicaid. 

EE.UU. ya es un país donde se caen los puentes y colapsan los aeropuertos; donde la desigualdad entre clases amenaza la estabilidad de la nación. Si bien es cierto que aún conserva grandes fortalezas, el futuro luce alarmante. La NASA ha culminado su programa espacial, el Pentágono esta destinado a contraerse, 40 millones o más de ciudadanos claman por seguro social. Según la Asociación Americana de Ingenieros Civiles, EEUU necesita unos $2.2 millones de millones adicionales para actualizar la infraestructura nacional. Aunado a esto debemos sumar lo que Fareed Zakaria, de la revista Time, considera una “profunda crisis institucional” y no un mero resfriado político en Washington.

Los escépticos argumentan que como EE.UU., otros países también presentan serias dificultades; que EEUU todavía cuenta con sólidos pilares como Silicon Valley, Hollywood, las universidades, entre otros. Que en cuanto a la suma de “poder relativo”, no hay nación que aún desafíe al Imperio.
Lamentablemente estas son fotografías de un instante. Mientras EE.UU. y Europa se ahogan en un mar que el economista Kenneth Rogoff llama “La Segunda Gran Contracción”, donde los gobiernos han agotado los estímulos fiscales y monetarios; China impulsa hacia delante con las enormes reservas internacionales, una tasa de crecimiento de 8-9%, y pronto, en el 2016 (según cifras del FMI) la economía más grande del globo, medida en paridad de poder adquisitivo (PPA).

En su nuevo y controversial libro Eclipse, el economista Arvind Subramanian vaticina para el 2030 un mundo unipolar dominado por China. Subramanian argumenta que aún siendo “amable” con la tasa de crecimiento americana, China casi duplicaría el PIB estadounidense para dicha fecha, medido en PPA.

Antes de abandonar la Casa Blanca en 2010, el asesor económico de Obama y exsecretario del Tesoro, Larry Summers, declaró: “Siempre y cuando estemos preocupados por el futuro, el futuro será mejor”. Sus palabras están a prueba.

Escríbele al autor: soladilo@gmail.com

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