Calderón y Santos: ¿Abriendo las puertas de la legalización de las drogas?

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Resulta difícil saber qué esperaba el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, cuando hace unos días declaró que legalizar ciertas drogas blandas como la marihuana ‘podría ser una solución, siempre que todos lo hagan al mismo tiempo’.

Aún cuando recalcó que el tema es un asunto de seguridad nacional para Colombia debido a que “el narcotráfico financia la violencia y a grupos irregulares en el país”, la resonancia que provocaron sus palabras se debió en gran parte a que el presidente Santos realmente estuviera considerando la legalización como una alternativa.

Semejante oleaje aún no se disipa. Intentamos comunicarnos con la Drug Enforcement Agency (DEA) buscando algún comentario oficial, sin éxito. Expertos de agencias y think tanks con vínculos en el gobierno estadounidense también evitaron de modo cortés entrevistas al respecto ya que, según explicaron, este asunto es “de carácter político”.

El hecho que Santos haya sido un consumidor confeso de marihuana en su juventud no abona a la tranquilidad de las autoridades estadounidenses ante simpatía presidencial por la causa.

“En lo que respecta a los países andinos –Colombia, Perú y Bolivia–, hablando por los países productores de drogas coco-incas (en referencia al origen ancestral del uso de la hoja de coca), si lo vemos en conjunto, todas las políticas antidrogas han fracasado”, dice Rubén Vargas, especialista peruano en temas de seguridad. “Seguimos produciendo la misma cantidad de cocaína que hace 10 o 20 años”. Vargas se remite al Reporte Mundial Sobre Drogas 2011 de Naciones Unidas, en el que se señala, por ejemplo, que Perú se ha convertido en el más grande productor de hoja de coca del mundo. Incluso, según un reporte de la BBC, “la mayoría de analistas concuerda en que esto indica que Perú es de facto el mayor exportador de la droga”.

La ventana de la legalización, que permanece fuertemente cerrada, fue entreabierta hace un mes en México cuando el presidente Felipe Calderón expresó que si el consumo de drogas no se puede limitar, entonces quienes toman las decisiones deben buscar más soluciones -incluidos las alternativas de mercado- para reducir las ganancias astronómicas de las organizaciones criminales”.

Estos comentarios fueron el más reciente empujón al tema por parte de un líder altamente crítico –y muchas veces irritable– respecto a los resultados de Estados Unidos en la guerra contra las drogas.

Cada cierto tiempo, Calderón envía algunos golpes en dirección al norte esperando alguna mejora, como cuando en mayo le exigió a los Estados Unidos que “sea coherente” en su política antidrogas. Hasta el momento unos 16 estados han legalizado la posesión de marihuana por motivos médicos, entre ellos California, Arizona y Massachusetts. “No puede ser que mientras en México se detenga a un campesino por sembrar un cuarto de hectárea de marihuana, en Estados Unidos se permita en algunos lugares la producción industrializada”, dijo Calderón.

El presidente mexicano tiene razones para estar ansioso. El Plan Mérida, concebido para combatir los problemas de crimen y narcotráfico en Centroamérica y Haití, se mantiene ineficiente, según se desprende del reporte del Comité de Relaciones Exteriores de la Casa de Representantes, fechado en julio de 2010. Allí, el representante de Texas Michael McCaul (R) dice que “desde que esta iniciativa fuera lanzada, solo el 46% de los fondos han sido asignados y solo 9% de esos fondos han sido empleados”.

“En un aspecto más decepcionante, sin embargo”, añadía el Presidente de la Comisión, Eliot L. Engel (D), “el reporte actual estipula que casi 3 años y $1,6 mil millones después del anuncio de la Iniciativa Mérida, nuestras contrapartes en México y Centroamérica carecen de herramientas fundamentales para medir sus progresos”.

Y mientras que las preocupaciones en los Estados Unidos figuran en torno a la forma de empleo de fondos y eventuales reveses a las políticas federales –no hace mucho, la Asociación Médica de California “adoptó una política oficial de recomendar la legalización y regulación de la cannabis”, según informó ABC–; en el lado opuesto de la ecuación se encuentra México, un país que debido a los enfrentamientos entre sus cárteles rivales se está ahogando en su propia sangre.

Los reportes de homicidios no coinciden. Y el margen no es por decenas ni cientos de muertos, sino por miles. Univision.com reportó a comienzos de octubre la cifra oficial actualizada de 43 mil, pero ONGs independientes como el Movimiento de Paz con Justicia y Dignidad ya habla de más de 50 mil.

Si es que Santos y Calderón han empezado a unir fuerzas en pos de un eventual cambio de rumbo, eso aún queda por verse. Por su parte, tanto el presidente peruano Ollanta Humala como el presidente boliviano Evo Morales se han opuesto con firmeza a la idea de legalizar drogas. Sin embargo hay algo que Vargas tiene muy claro: “La estrategia de aplicar políticas regionales, aisladas, desconectadas de la región en su conjunto para combatir un enemigo internacional es precisamente lo que ha fallado”.

@smairata

Versión en inglés de este artículo

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