El espectador de Maickel

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No es cierto que escasea la transcendencia humana. Los anales de la historia muestran con claridad esos individuos que, por instantes, han logrado escapar la fragilidad a la cual estamos todos confinados para conquistar un objetivo superior. Hablo de los bienaventurados que sin don natural alcanzan proezas con su fuerza de voluntad. De esos pocos que desconocen el desaliento y la limitación; que permanecen desafiantes ante la adversidad; que en la soledad del desierto, encuentran en si mismos la sencillez de la grandeza. El venezolano Maickel Melamed pasó a ser uno de esos, cuando completara hace días el maratón de Nueva York.

Tras 15 horas de implacables retos físicos y mentales, el economista, conferencista y minusválido de 36 años conmovió a unos 300 espectadores que lo aguardábamos en la meta y a miles otros quienes lo seguían en la red. Solo pocos tuvieron el privilegio de relacionarse con el gallardo venezolano y presenciar sus logros y derrotas, sus risas y lágrimas, durante tres años de intenso entrenamiento. Para los demás, su llegada no fue sino la más viva prueba de espíritu y entereza. Maravilloso fue ver como tan pequeño y quebrantable cuerpo podía albergar tanto coraje y determinación.

La lucha de Maickel no comenzó con el entrenamiento para el maratón de Nueva York. Desde su propia inserción en la vida el 27 de abril de 1975, Maickel ha combatido la hipotonía general de su cuerpo, un estado de retraso motor que produce un inferior tono muscular y dificulta cualquier actividad física.

El ejemplo de Maickel llega en momentos de aguda división en Venezuela. En tanto el país se acerca a la transición política que lo colocaría en las puertas del siglo XXI, hacedores como Maickel son esenciales para rescatar la cohesión de nuestra sociedad. Su poder inspirador se transforma en el aluvión de esperanza y optimismo necesario para disipar doce años cargados de odio.

Maickel es sin duda un digno representante del célebre poema de Douglas Macarthur: “Dame Señor un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuándo es débil…dame un hijo que nunca doble la espalda cuando deba erguir el pecho…condúcelo, te lo ruego, no por el camino cómodo y fácil, sino por el camino áspero, aguijoneado por las dificultades y los retos. Allí déjale aprender a sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan…”

Días antes de su gran desafío el pasado 6 de Noviembre, Maickel sostuvo: “mi celebración será interna”. El espectador de Maickel somos todos. El 2012 está a la espera.

soladilo@gmail.com

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