Los fantasmas de Penn State

  • 15 de November de 2011 a las 10:16 am EDT | por Jorge Cancino |
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El escándalo que sacude a la Universidad de Pensilvania es extremadamente grave. Pero más grave es el daño causado a un número indeterminado de niños que fueron violados por un asistente del entrenador del equipo de fútbol. Y peor aún porque un asistente auxiliar vio cómo se abusó de un menor de edad y guardó silencio, un silencio que lo convierte en cómplice de un delito espantoso, un dolor eterno causado por el asesinato de la inocencia de un niño.

El ex asistente del entrenador del equipo de fútbol de Penn State, Jerry Sandusky, fue acusado de violar a menores por lo menos desde 2002. En esa fecha los principales directivos del equipo y de la universidad supieron de los abusos y no acudieron a la policía. Sandusky fue visto cuando agredía sexualmente a un niño en las duchas de la Universidad de Pensilvania.

El entrenador de Penn State, Joe Paterno, reconoció que debió haber hecho más en este asunto y que se encuentra “absolutamente devastado” por lo sucedido en el caso de Sandusky, quien habría abusado de al menos ocho menores de edad durante 15 años.

Quince años son demasiado. Equivalen a 5,475 días, una eternidad, un tiempo donde aparecen fantasmas, donde la desesperanza crece, donde el daño causado a esos niños se volvió insoportable.

Conozco el caso de tres niños que fueron abusados en un lugar de Centroamérica hace ya 20 años. Sus padres, asilados en Estados Unidos, tardaron cinco años en conseguir ayuda psiquiátrica para comenzar a sanarlos en un proceso que demoró casi seis años con dos sesiones semanales a cada uno, incluidos los padres. Al término del largo proceso fueron dados de alta y se les dijo que estaban preparados para seguir solos el camino de la vida.

El camino de sanación fue tortuoso. Les enseñaron a sobrevivir, a tener control sobre los recuerdos, a superar las depresiones, a sonreírle a la vida. “La mayor dificultad es que tardamos cinco años para encontrar ayuda”, me dijo la madre de los niños. Una de las psicólogas clínicas que los atendió refirió que las terapias comenzaron tarde y que había tales daños que jamás iban a ser descubiertos o recuperados. Que no había suficiente literatura ni estudio para conocer este tipo de heridas.

En el caso de Pensilvania la denuncia de las violaciones se conoció 15 años más tarde, porque las callaron durante 5,475 días. Uno de los niños violados en 2002 tenía apenas 10 años de edad. “Si no los tratas a tiempo, los fantasmas se quedan para siempre dentro de sus cabezas”, dijo la madre de los niños que conozco desde hace ya algún tiempo. “Esos malditos fantasmas son unos asesinos que carcomen sonrisas, se beben las lágrimas y corrompen las esperanzas. Son unas bestias desalmadas, tan salvajes como aquellos que cometieron esos horribles pecados”.

Asumo que los fantasmas de Penn State tienen 15 años. A menos, claro está, que a nadie se le haya ocurrido esconder la fecha de sus nacimientos. ¿Y si lo hicieron? La verdad siempre asoma, siempre. Aunque algunas veces tarda, pero asoma.

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