Cuevana en la mira

  • 28 de November de 2011 a las 10:40 pm EDT | por Raul Stolk |
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Lejos han quedado aquellos días en los que me paseaba como un zombie por los pasillos de alguna video tienda, disfrutando de la literatura de las contra-carátulas de viejas B-movies de acción en formato VHS. En Venezuela, la piratería acabó con el negocio legal de alquiler de películas. Hoy, se pueden encontrar tiendas de películas pirata en los centros comerciales más prestigiosos de Caracas. Más allá de los problemas que tenían los negocios legales para importar los videos, las tiendas de películas pirata ofrecen lo último antes de que se estrene en el cine y con la calidad del original –y hasta en formato Blu-ray.

Durante el par de años que viví en los Estados Unidos mi proveedor oficial de cine fue Netflix, que por la módica suma de 12 dólares mensuales me permitía escoger mis películas a través de su página web y recibirlas en mi casa por correo. Fui testigo de cómo la compañía de alquiler de videos, tímidamente, fue incursionando en el streaming por Internet. Al cabo de un par de meses me encontré con que, a pesar que todavía ordenaba videos por correo, la mayoría del contenido lo disfrutaba a través de Internet.

La industria del entretenimiento se encuentra impulsada por el mismo principio que hoy mantiene al mundo insomne e hiperactivo, la inmediatez. Existe una necesidad colectiva de consumir el producto a penas sale del horno. Antiguamente, cuando las barreras del mundo físico eran el único obstáculo de la distribución, esperábamos meses por el estreno de una película y hasta años antes de que apareciera en formato de Home Video. Además, la chocante división del mundo en zonas, idea trasladada a los contenidos que ofrece Netflix para Latinoamérica, agregaba un obstáculo más entre los latinoamericanos y el contenido generado por las principales casas de producción cinematográfica norteamericanas.

El boom de las teleseries ha empeorado esta necesidad cuasi narcótica. Como consecuencia, el joven argentino Tomás Escobar (22) fundó Cuevana; una página web donde se encuentran links para ver en streaming –sin costo y con la mejor calidad posible- las últimas películas y los capítulos de las series más populares a minutos de su estreno.

A no más de una semana de haberse publicado una entrevista a Escobar en la Rolling Stone, el popular sitio web –que marca alrededor de dos millones de hits diarios- recibe su primera amenaza de demanda por parte de Telefé. La fuerte reacción de los usuarios (de Cuevana) a través de las redes sociales convocando a un boicot contra la televisora, hizo que Telefé se abstuviera de formalizar la denuncia. “Un llamado a último momento desde la central de Telefónica (principal accionista del canal), en España, hizo recular al canal de las pelotitas, después de evaluar que el clamor popular podía hacerlos crujir casi tanto como a parte del mundo árabe”; escribió Pablo Sirvén en el diario La Nación. A pesar de esto, un nuevo retador aparece en escena a días de la amenaza de Telefé. Uno que ciertamente no será tan fácil de doblegar y que, por su estatura y reputación, tiene la costumbre de pelear sus batallas legales (en temas de derecho de autor) hasta el final. HBO, el reconocido canal de televisión por cable (y productora), acaba de formalizar una demanda penal contra Escobar y Cuevana –en tribunales argentinos- por la exhibición de programas como True Blood y Game of Thrones sin autorización.

Si bien la “experiencia” dirigida por Tomás Escobar ha sorteado las espinas y escollos de la justicia, gracias a ciertos tecnicismos en las leyes de derecho de autor argentinas; también es cierto que esa fina línea que los ha mantenido “en el aire” sería fácil de difuminar por un contendor de peso.

Sin embargo, en la muy subjetiva opinión de este adicto a la televisión, más temprano que tarde, tanto la industria del entretenimiento –especialmente la tv- como los legisladores, tendrán que ponerse a tono con los tiempos y con las exigencias del público. Pareciera que la gente sigue dispuesta a pagar por entretenimiento (pej. televisión por cable, cine, Itunes, Netflix) y que entienden que estas obras tienen un valor monetizable. La solución muy probablemente se encuentre en un término medio, en el cual se pague una suma razonable por el acceso a estos contenidos, sin quedar relegados a una vulgar y desfasada Zona-4.

@raulstolk

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